sábado, 30 de enero de 2016

"Lo hice? Te pido perdón."

Esta es una premisa bastante difundida. La he escuchado decir a personas poco analíticas, pero también a personas con pocos escrúpulos.

Para disculparse, con uno mismo u otros, son necesarias siempre 2 cosas: mea culpa, y propósito de enmienda. Esto vale incluso para disculparse con Dios, los creyentes.

Mea culpa es asumir: hacerse verdadero cargo de la situación del dolor causado. Del gran mal infringido. Sin este conocimiento, esta reflexión, podríamos volverlo a cometer -irreflexivamente-.
Propósito de enmienda es evitar nuevos errores: como por ejemplo si uno es violento, sabiéndose alejar. Uno se enojará, sí, pero sabiéndose además violento, podrá tomar debida distancia.

En fin, disculparse es responsabilizarse. No puede hacerse superficial, irreflexivamente. Eso sería volverlo a repetir. Eso sería volver a dañar. (Una probabilidad irrestricta.)

¿Cómo volver a confiar
si ni siquiera sabes
cuánto puedes herirme?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.