Esta es una frase común. Y tiene cierta verdad, no lo niego. Pero más importantes que las palabras son los hechos.
Uno puede tener una palabra desafortunada, pero mil y un hechos afortunados y ser un ser libre; alguien que "se equivocó".
Y alguien que se equivocó -sólo de palabra-, mientras que a su lado hay quizás gente equivocada -y persistente- en hechos y actitudes profundas.
Ellos (los hechos y las actitudes profundas) sí nos esclavizan. Cuando obramos el mal, nos acostumbramos a él, y pronto nuestra consciencia se adormece.
También somos esclavos de nuestras malos actos y actitudes por una cuestión de karma, y a quien este término le resulte raro que se remita a Buda, que es un filósofo fundamental.
También es esclavo en no poder ver las verdaderas virtudes del otro, de a quien lastima, y ni siquiera de poder verlo -sonreír- o compartir un verdadero momento en paz con él/ella probablemente nunca.
Hay también una esclavitud implícita en sentirnos con derechos de des/maltratar a otros, pues no hay nada del otro que nos sea realmente ajeno (Soy humano, y nada de lo humano me es ajeno; Terencio).
Costumbres, karma, discriminación... malos hechos y malas actitudes: estas son las cosas que nos esclavizan a nosotros y que probablemente tampoco tengan vuelta atrás hasta la palabra: Perdoname.
Uno puede tener una palabra desafortunada, pero mil y un hechos afortunados y ser un ser libre; alguien que "se equivocó".
Y alguien que se equivocó -sólo de palabra-, mientras que a su lado hay quizás gente equivocada -y persistente- en hechos y actitudes profundas.
Ellos (los hechos y las actitudes profundas) sí nos esclavizan. Cuando obramos el mal, nos acostumbramos a él, y pronto nuestra consciencia se adormece.
También somos esclavos de nuestras malos actos y actitudes por una cuestión de karma, y a quien este término le resulte raro que se remita a Buda, que es un filósofo fundamental.
También es esclavo en no poder ver las verdaderas virtudes del otro, de a quien lastima, y ni siquiera de poder verlo -sonreír- o compartir un verdadero momento en paz con él/ella probablemente nunca.
Hay también una esclavitud implícita en sentirnos con derechos de des/maltratar a otros, pues no hay nada del otro que nos sea realmente ajeno (Soy humano, y nada de lo humano me es ajeno; Terencio).
Costumbres, karma, discriminación... malos hechos y malas actitudes: estas son las cosas que nos esclavizan a nosotros y que probablemente tampoco tengan vuelta atrás hasta la palabra: Perdoname.
Esclavos de hechos y actitudes
somos más que de palabras,
aunque ayuda: perdoname.
somos más que de palabras,
aunque ayuda: perdoname.

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