viernes, 6 de noviembre de 2015

"Esclavo de las propias palabras."

Esta es una frase común. Y tiene cierta verdad, no lo niego. Pero más importantes que las palabras son los hechos.

Uno puede tener una palabra desafortunada, pero mil y un hechos afortunados y ser un ser libre; alguien que "se equivocó".

Y alguien que se equivocó -sólo de palabra-, mientras que a su lado hay quizás gente equivocada -y persistente- en hechos y actitudes profundas.

Ellos (los hechos y las actitudes profundas) sí nos esclavizan. Cuando obramos el mal, nos acostumbramos a él, y pronto nuestra consciencia se adormece.

También somos esclavos de nuestras malos actos y actitudes por una cuestión de karma, y a quien este término le resulte raro que se remita a Buda, que es un filósofo fundamental.

También es esclavo en no poder ver las verdaderas virtudes del otro, de a quien lastima, y ni siquiera de poder verlo -sonreír- o compartir un verdadero momento en paz con él/ella probablemente nunca.

Hay también una esclavitud implícita en sentirnos con derechos de des/maltratar a otros, pues no hay nada del otro que nos sea realmente ajeno (Soy humano, y nada de lo humano me es ajeno; Terencio).

Costumbres, karma, discriminación... malos hechos y malas actitudes: estas son las cosas que nos esclavizan a nosotros y que probablemente tampoco tengan vuelta atrás hasta la palabra: Perdoname.

Esclavos de hechos y actitudes
somos más que de palabras,
aunque ayuda: perdoname.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.